LA HUMILDAD, LA SINCERIDAD, EL ORGULLO
No existe ningún Dios que venga a deshacer lo que tú creaste. Si tú no lo cambias, nada ni nadie lo hará.
No hay ningún Dios que te imponga castigo alguno ni prueba alguna, todo lo que sucede es el resultado de tus acciones. ¡Abandona la ignorancia y dejemos de creernos lo que no somos!
La toma de consciencia de nuestros errores, la humildad, la honestidad, la aceptación sincera y el ser responsables y una resolución firme de cambiar, esforzándose, luchando…es lo único que puede cambiar nuestra vida y si no puede cambiar, al menos cambiar nuestra actitud interior, aprovechando las vicisitudes para conocerse, conocer nuestras reacciones, nuestro comportamiento, es una manera de meditar, observar sin reaccionar desagradablemente, sino cultivando una actitud de serenidad, de mansedumbre, de humildad, de paciencia.
Sea cuál sea nuestra situación, si conseguimos un estado de serenidad y mansedumbre, de humildad, de paciencia (no de resignación y desesperanza), algo tiene que cambiar, seguro que sí. Una situación externa es un reflejo de una situación interna y no al contrario como solemos pensar, es el resultado de algo que hemos generado poco a poco con nuestro estado emocional y nuestro estado mental, nuestros pensamientos, algo que hemos provocado o hemos atraído con el pensamiento, las emociones, las palabras y el comportamiento, quizás ha sido en otras vidas, o quizás ha sido más reciente, pero ha sido una consecuencia de nuestras acciones y reacciones de la mente, del cuerpo y de la palabra.
Ningún karma puede cesar si no cambian las causas internas y externas que lo han originado.
¡Dejemos de representar a un Dios que no existe, a Cristo o a Buda, dejemos de buscar escapatorias! Ni Dios, ni Cristo, ni Buda nos ha impuesto ni nos imponen nada de lo que padecemos! ¡Sentémonos a meditar, no hay nada más que hacer, sólo eso!
Parece sencillo, pero no hay manera, porque queremos escapar a todo esfuerzo, queremos buscar remedios y soluciones mágicas, caminos que no existen, no queremos asumir absolutamente nada, ese es nuestro problema, nuestro verdadero problema, todavía estamos esperando que papá o mamá solucionen nuestros problemas, estamos anclados en nuestro pasado infantil.
Todavía queremos ser especiales y protagonistas, importantes, todavía nos mueve el deseo de aceptación. ¡No perdamos más tiempo, cuánto antes reconozcamos lo que somos y dejemos de engañarnos a nosotros mismos, menos tiempo perderemos y, el tiempo que tenemos es escaso! ¡No hay tiempo para perder más el tiempo! ¡Dejemos de creernos especiales, es importante!
Es hora de abandonar el deseo infantil de aceptación-reconocimiento-recompensa, fama, popularidad, grandeza, exclusividad…mamá y papá ya no existen, ya no están, no somos hijos únicos, ahora somos nuestros propios padres, no hay nadie a quién agradar ni llamar la atención, estamos a la deriva, no somos nada, no podemos seguir esclavos de añoranzas del pasado, ni de complejos de aceptación, culpabilidad o de la clase que sea, nada de eso sirve ahora, es sólo una forma de mortificarse en vano y perder el tiempo.
Estamos a la deriva, no somos nada, estamos extraviados y no sabemos cómo salir. Pensar en el pasado no nos ayuda, cuánto antes reconozcamos nuestra situación de peligro y fragilidad y cuánto antes reaccionemos, mejor, mucho mejor.
¡Cuánto antes reconozcamos nuestra situación y lo que somos, antes aparecerá la ayuda que tanto solicitamos, antes aparecerá el maestro que necesitamos, un maestro que conozca lo que nos sucede, que conozca nuestra situación y sepa lo que nos sucede y sepa, por tanto, cómo conducirnos a un estado de menos dolor y sufrimiento!, pero, lo primero y ante todo es, decirse a sí mismos: “No soy nada, me encuentro perdido, necesito ayuda, orientación”
Ese es el principio del camino. ¡Al que no sabe se le puede ayudar, pero al que sabe, no es posible, ni aconsejable!
Aquél que dice: “Nada soy, nada valgo, nada sé”, es cómo un vaso vacío y limpio que puede llenarse y conservar aquello que se le entrega con pureza.
Pero el que dice:”Yo soy, yo sé, yo valgo, yo hice, yo tengo….”y no sabe decir otra cosa que yo, yo, yo y yo y presumir contantemente, es inútil intentar ayudar a una persona así, todo lo que le digas ya lo sabe, ya lo tiene, ya lo hizo; es como una pared impenetrable de orgullo, estupidez e ignorancia. No es posible enseñar ni ayudar a una persona así, una gran pérdida de tiempo y energía es.
El orgullo es todo lo contrario a la humildad y a cualquier atisbo de obediencia y fidelidad, he aquí el valor de la humildad, es el mayor tesoro que una persona puede tener.
Quien pierde la humildad lo ha perdido casi todo y recuperar la humildad, el valor de la humildad, una vez que lo hemos perdido y generado orgullo y arrogancia, ¡cuesta mucho, mucho, mucho, cuesta horrores!
¡Deshacerse de la falsa idea de uno mismo es muy difícil, muy difícil! Mientras el muro del orgullo, la arrogancia y la vanidad esté en pié, no será posible ver lo que hay al otro lado de nuestra ignorancia, la cuál es la causa principal de la gran mayoría de nuestras mayores equivocaciones y errores y, por tanto de casi todas las consecuencias negativas generadas, nuestros sufrimientos y lamentaciones y de muchos sufrimientos y lamentaciones que hemos causado a otros.
Tenemos que hacer lo imposible para que esa puerta caiga hecha pedazos y para eso necesitamos generar humildad y para tener o generar humildad, necesitamos sinceridad interior, valor, honestidad, ver nuestra realidad, reconocer nuestra realidad y, con esa realidad, podemos entonces generar devoción, fe, podemos orar y pedir por nosotros o por los demás y tendremos poder para cambiar acontecimientos, esto es posible, porque las puertas del espíritu están abiertas, pero sino, mientras tanto, lo único que ora y pide es el ego, no es la consciencia, no es el espíritu, no es la mente iluminada, es el ego, nada más que el ego.Por eso, las oraciones de todas las personas que oran constantemente, nunca son oídas. El poder de que un deseo profundo de nuestra mente se realice, depende de la motivación pura y del karma, de los méritos y de la honestidad que tiene la persona que ora.Si no hay méritos acumulados, si no hay saldo en nuestra cuenta kármica, no se nos puede dar nada,porque estamos en deuda. En ese caso, tenemos que zanjar nuestras deudas kármicas, haciendo buenas obras, ganando méritos.
Reconocer nuestra realidad y generar humildad es el camino que conduce al ser humano a la redención, a la purificación definitiva, al lavado de sus ropas. Como dijo el Maestro, “Hasta que no seáis capaces de ser como uno de estos niños y, saltar desnudos encima de vuestras ropas sin experimentar vergüenza, vuestra mente no podrá entrar en el Nirvana, en el cielo, en el reino de la paz y la armonía”.
Tenemos que deshacernos de la auto importancia y del protagonismo, así como del deseo de destacar y llamar la atención, éstos son componentes muy comunes típicos del orgullo infantil, están en nuestra personalidad, son muy visibles en la personalidad de casi todas las personas.
Alrededor del orgullo giran muchos defectos como la propia mentira, así como la codicia, el robo, la avaricia y también la envidia.
Acerca del orgullo podríamos escribir largo y tendido, tal vez en otro capítulo profundicemos en este terrible defecto, que el componente principal de la personalidad humana, es la sal, el condimento principal que alimenta la personalidad de la totalidad de las personas.
No sé Vázquez.
Panillo, 8 de septiembre de 2011.
