Matrimonio, Compatibilidad y Karma
Nuestras necesidades y aquello de que carecemos, determinan a menudo nuestras aspiraciones y nuestros deseos.Es difícil establecer una compatibilidad entre dos personas, porque aún y teniendo las mismas necesidades, sus aspiraciones y deseos pueden ser diferentes.Puede existir cierta afinidad, coincidencias parciales de algunos aspectos, pero esto es diferente.
De antemano, es difícil saber si una persona es idónea para asociarnos con ella porque desconocemos cual es el grado de compatibilidad y de coincidencia entre sus aspiraciones, deseos y necesidades, con las nuestras.De todas maneras, no por ser más compatible tiene que ser la más idónea.A veces es mejor una relación basada en la complementación que en la compatibilidad total y absoluta y, que por otro lado, hoy por hoy es casi imposible de conseguir verdaderamente entre dos personas, salvo que esas personas hallan hecho ya un trabajo de acercamiento y convivencia en vidas pasadas.Desgraciadamente lo común es que ocurra lo contrario y los matrimonios cada vez más cultivan las desavenencias, las diferencias o el distanciamiento, existencia tras existencia.
Hoy por hoy cabe más esperar una relación de pareja basada en la complementación más que en la compatibilidad.
Una relación de pareja basada en la complementación puede ser a la larga más fructífera que una basada en la compatibilidad, pero requiere mas esfuerzo y colaboración de la pareja; más comprensión, más respeto mutuo, más paciencia, más tolerancia... más de todo, para lograr un acercamiento, superando y trascendiendo las diferencias y las desavenencias.Y es esto precisamente lo que hace que hoy en día, la mayoría de los matrimonios y parejas fracasen porque carecen del desarrollo de estas cualidades, bien sea por falta de una adecuada educación ejemplar en el seno familiar o mismo por falta de madurez.
Unas condiciones de vida duras o restringidas favorecen o imponen si así lo preferimos el desarrollo de estas cualidades, mientras que unas condiciones fáciles, de poco esfuerzo o de innecesaria lucha por conseguir las cosas no nos ayudan a disciplinarnos en estos valores.
De todas maneras, lo mejor sería o es, que nosotros desarrollemos estos valores de manera voluntaria y consciente, sin necesidad de que nadie ni nada nos lo impongan, pero ya se sabe y la practica lo demuestra, que sí necesitamos pasar por situaciones y circunstancias algo difíciles para disciplinarnos, que nos obliguen al esfuerzo, a la lucha.
Porque podemos creer que poseemos tal o cuál cualidad, pero a la hora de la verdad, en el escenario de los hechos, en la practica fallamos.Por eso son necesarios los obstáculos, las dificultades que en nuestra vida a veces se presentan, aunque no sean deseables.
Hoy, la gente huye y esquiva, pero no se enfrenta.Y se valen de todo tipo de justificaciones para no hacerlo.
Quizás hallamos perdido la capacidad para enfrentarnos a las dificultades o no sabemos como y no tenemos a nadie que nos enseñe.Es probable que nos encontremos con mas juicios y críticas o censuras que con alguien verdaderamente sabio y lleno de compasión para ayudarnos u orientarnos adecuadamente.
Tenemos que aprender sobre la marcha.
Por estos tiempos, necesitamos, como sea, aprovechar la oportunidad que nuestra existencia nos brinda para disciplinarnos y para superarnos, sea cual sea nuestra situación.Si no, ¿ qué otro sentido tiene nuestra existencia?.
No hay ni una persona sobre esta tierra que no tenga algún tipo de limitación que superar, o algún obstáculo al que enfrentarse.Y si la hubiere, no tendría necesidad alguna de estar reencarnado en esta escuela de la vida, en este planeta tierra.
Porque no es este precisamente un planeta propio para pasar unas vacaciones tranquilas, al menos ahora, en esta edad del Kali yuga.El que más o el que menos tiene deudas kármicas pendientes.
Y no tenemos más remedio que enfrentarnos a ellas con paciencia, valor y humildad y con cierta fortaleza, sin dejar por ello de aspirar a ser felices, sea cual sea el precio que tengamos que pagar, sin dejar por ello, de aspirar a alcanzar la liberación de este valle de lágrimas.
La liberación del Samsara es un camino gradual, de constante lucha y continuo afán para superarse, escalón tras escalón, en una o en varias existencias.
Son muchas las edades y existencias que hemos empleado para llegar a lo que hoy somos:
Seres atrapados en una rueda incesante de renacimientos y muertes, al dolor, al karma.
Son muchas las edades y existencias que nos hemos entregado al desarrollo de actitudes de consecuencias indeseadas, al desarrollo de cualidades no virtuosas, por eso la liberación es un camino gradual y difícilmente podría hacerse de repente, en una sola existencia.
Quiénes así lo pretenden, generalmente fracasan, porque para hacer esto tendrían que liquidar todas sus deudas kármicas en una sola existencia.
Sin embargo, esto tampoco debe de servir de justificación, para que en esta existencia no nos esforcemos y nos descansemos, porque la mayoría de nosotros, estamos al final de un ciclo de existencias con cuerpo físico humano y estamos a punto de entrar en un ciclo involutivo, en reinos inferiores de manifestación.
Esta es la razón por la que todos aquellos que debemos al karma tenemos que pagarlo ahora, en esta existencia y no puede aplazarse.
Esta es la razón por la que en esta existencia, más que nunca, tenemos que emplearnos a fondo en la práctica del Dharma, sobre todos aquellos que hemos tenido el privilegio, aunque nos parezca tarde, de conocerlo, de recibirlo.
Por que tal vez sea ésta nuestra última oportunidad de evitar entrar en un nuevo ciclo involutivo Y de evitar, que las Leyes Cósmicas de Justicia y de Compensación, nos cobren con adversidades, sufrimientos, enfermedades, guerras, catástrofes, accidentes, humillaciones, carencias...
Por eso nunca es tarde para dar marcha atrás, renunciar al mal y entrar en la corriente del Dharma.
Y, aunque esto no signifique que se nos valla a perdonar de repente nuestro karma, ni que tengamos que dejar de luchar y de sacrificarnos en nuestro diario vivir, es preferible, la Divinidad tiene la mirada puesta en cada uno de nosotros y no desea que entremos en reinos inferiores de manifestación, ni que pasemos por catástrofes o adversidades.
De todas maneras, no estemos en el Dharma por temor o por interés, esperando recibir siempre algo a cambio.
Ya es mucho el tiempo que llevamos en la corriente del karma, del dolor y de la negligencia.
Ya son muchas las vueltas que hemos dado en esta rueda indeseable del dolor.
Ingresar en el Dharma es ya una cuestión de responsabilidad de cada uno de nosotros, una cuestión de auto - obligación responsable, de interés por lo que tenemos verdaderamente y que no es impermanente ni pasajero; el Alma, la conciencia,
nuestro Buda interior, esperando a ser realizado, despertado.
Volviendo al matrimonio, es innegable que el matrimonio es un medio perfecto para disciplinarse, porque el matrimonio es como un gimnasio, a todos los niveles, pero especialmente, un gimnasio de tipo psicológico.
Y esto no es normalmente tenido en cuenta por las personas que se comprometen a convivir y a compartir la existencia.
Es importante pues, que para casarse, al menos se esté dispuesto a auto - disciplinarse, a auto - corregirse, a auto - superarse, de lo contrario, estaríamos complicando todavía más nuestra existencia o la de nuestra pareja.
Recordar: No hay nadie que no tenga algo que superar o corregir, ¡nadie!.
El matrimonio es una forma de yoga, de disciplina.
Quién no se lo plantea así y quién no está dispuesto a someterse y a disciplinarse fracasará en el matrimonio; el matrimonio impone la disciplina, nos guste o no.
El matrimonio es relación, asociación, cooperación, diálogo, entendimiento, compenetración, comprensión, respeto, complementación, edificación, orientación, ayuda, lucha, sacrificio, esfuerzo, actividad, renuncia...
Si no estamos dispuestos a desarrollar estas cualidades, el matrimonio no tiene sentido y aún menos para tener hijos, a los cuáles se supone, debemos de servir de ejemplo.
Nuestro matrimonio es una extensión de nuestra relación con la sociedad, con el mundo, con la humanidad.
Lo que no seamos capaces de lograr con nuestro esposo o esposa y con nuestros hijos y con nosotros mismos, no lo lograremos con la humanidad, con el mundo, ni con la sociedad.
El matrimonio es pues para aquellos que tienen muy claro que deben luchar, trabajar y sacrificarse a escala extra personal, a nivel material y a nivel espiritual.
En el matrimonio se encuentran sintetizadas varias formas de yoga:
el karma yoga, el Tantra o kundalini yoga, el Prana yoga, el Mantra yoga, la meditación yoga, la psico yoga, el pratimocha yoga...
Y por ello, el aspirante al matrimonio debe estar dispuesto a ejercitarse en estas disciplinas.
El matrimonio es una auténtica iniciación entre un hombre y una mujer, para transitar por la vida, subiendo los peldaños de la escalera de la existencia.
En el matrimonio uno no debe esperarlo todo del otro, sino de sí mismo.
El matrimonio sirve para llevar la cruz de la existencia entre dos y no para hacer entre dos, de la existencia, una cruz.
Cada vez es más difícil convivir en pareja, porque que cada vez estamos más divididos y confusos internamente, individualmente.
Estamos llenos de contrariedades, de pareceres cambiantes, de deseos que ahogan, la mayoría de las veces, nuestro sentido común, nuestro sentido de humanidad, ese que nos permite comprender y ser pacientes con los demás.
El ego pesa sobre nosotros, sobre nuestra razón, priva sobre nuestra voluntad, pasa por encima de nosotros y luego, por encima de los demás, como si nada.
El ego anda suelto, como si estuviera en su propia casa, sin Dios ni Ley, sin control alguno por parte del verdadero dueño de la casa, que se supone somos nosotros mismos.
Si no tenemos orden a nivel interno, menos será posible ese orden, esa armonía para con los demás.
La convivencia en pareja requiere de armonía y ésta no es posible si no se cultiva, si cada uno de los que constituyen la pareja no se esfuerza en cultivarla dentro de sí.
Debemos establecer afinidad con nuestra pareja y ella con nosotros, a nivel del entendimiento y de las emociones.
Esto no es posible sino se cultiva la armonía, la serenidad, la tranquilidad, el control de sí mismos.
Si no tenemos en cuenta estas cuestiones no podemos esperar del matrimonio que sea un lugar
idóneo para ser felices, verdaderamente felices.
Por esto, la mayoría de las parejas que inician una relación de convivencia, tienen una perspectiva de continuidad de corto plazo, a marchas forzadas, con toda clase de sucesos y consecuencias traumáticas y lastimosas.
Un gran problema en la relación de pareja, son los apegos, especialmente los apegos relacionados con los familiares, los celos, la envidia, los complejos, la susceptibilidad, la competencia...
Cuando uno se casa, lo hace para construir una nueva familia, independiente, autónoma, libre de condicionamientos o ataduras familiares o de cualquier otra clase y ambos deben entenderlo así.
La convivencia en pareja se ha vuelto, desgraciadamente, un estorbo, una piedra de tropiezo para aquel que anhela realizarse espiritualmente, porque es difícil, hoy día, que dos personas tengan las mismas metas, las mismas intenciones, la misma forma de pensar, la misma manera de entender o de ver las cosas, la vida, la muerte, la razón de ser o de existir...
Y aún teniendo coincidencias y aproximaciones, siempre habrá diferencias, matices, planteamientos y necesidades, sencillamente diferentes.
Ya sólo el hecho de ser de sexos diferentes ya implica una psicología también diferentes, entre el hombre y la mujer, formas diferentes de sentir y pensar y de actuar, temperamentos distintos debidos a la química corporal particular de cada sexo, a la educación...
Mismo el Karma y las particularidades del signo astrológico hacen, que inevitablemente existan diferencias, que en unos casos pueden ser reconciliables o llevaderas y en otras, insalvables.
La afinidad total es algo que sólo puede existir caso de que tuviésemos la casualidad de toparnos con nuestra Alma gemela, esa parte, que originariamente, formó parte de nosotros, cuando éramos andróginos.
Y, aún así, dado que las dos Almas, con el tiempo, se fueron distanciando, adulterándose con otras Almas, pertenecientes a la mitad de otros seres andróginos, nuestra alma gemela es algo que literalmente se ha perdido, o mejor dijéramos, está confundida o adulterada con otras Almas.
Sólo a medida que la pareja va purificando sus mentes, es posible que se recuperen fracciones de esa Alma extraviada y dispersa en miles de Almas con las que nos hemos relacionado a través de tantos retornos y existencias.
He ahí la importancia, una vez más, de no adulterar y de tratar de salir adelante con nuestra pareja, salvo que en verdad nos sea totalmente imposible.
Sólo a medida que la pareja va purificando sus mentes, se va reencontrando la afinidad, poco a poco, a niveles cada vez más profundos, telepáticos podríamos decir.
A medida que desaparece el ego o se debilita nuestro egoísmo, nuestro yo individual, la afinidad y la compatibilidad con nuestra pareja aumentan y se establecen lazos de continuidad en próximos retornos, con la que poco a poco, reencontraríamos a esa alma gemela.
Pero, bueno, entre tanto, debemos comprender el hecho de que en la pareja, siempre habrá diferencias debidas, como ya hemos visto, a variadas causas.
Esto nos obliga a comprender que en la pareja tiene que existir necesariamente cierta libertad de movimiento, cierta individualidad que debe respetarse.
No se trata de que cada uno valla por su lado, como tampoco se trata de que uno sea la sombra del otro, pegados, casi sin espacio para poder respirar.
Debe de haber un espacio reservado para la intimidad de cada uno, que no debe invadirse.
Un espacio de autonomía e independencia para cuestiones y asuntos personales.
Debe existir siempre libertad de expresión y de decisión por parte de ambos; no debe haber sometimiento, abuso, prepotencia, coacción ni chantajes de ningún tipo, ni avasallamiento de ninguna clase.
La mejor forma enseñar a los demás o de hacerles ver que tienen que cambiar es con el ejemplo y la paciencia por parte de aquél que tiene que dar dicho ejemplo.
Deben respetarse o comprenderse las limitaciones impuestas por el karma personal de nuestra pareja.
No debemos interferir, obligando o convenciendo a nadie, en la vida de una persona y menos a nivel interno o espiritual, si no queremos generar un mal karma.
Imaginemos, para poner un ejemplo, que en otra vida truncamos o frustramos las ansias y los deseos de una persona, pongamos por caso, las ansias espirituales de nuestra actual pareja y ahora, en esta existencia, como consecuencia de ello, nuestra pareja se halla retrasada a nivel espiritual, constituyendo para nosotros, un impedimento, un retraso para nuestro actual progreso, "un fastidio", si queremos llamarle.
No quiero decir con esto, que nosotros somos los únicos responsables totalmente de su karma, pero sí hemos sido cómplices, partícipes.
Somos responsables, sin lugar a dudas, de parte de su karma, y ella, también, sin lugar a dudas, de parte del nuestro.
Lo mismo sucede con todas las personas con las que nos relacionamos o vemos, no importa si son de nuestra familia, como si son de la calle.
Todos somos en cierta medida, algo responsables del atraso y del sufrimiento de todos los seres que nos rodean, de sus karmas.
Nuestros karmas están ligados, unos con otros, al de toda la humanidad, formando una cadena.
Nadie puede liberarse si no tiene en cuenta el karma de su prójimo.
No es fácil ser justos y responsables con nuestro karma, no es fácil ser tolerantes con los errores de los demás, sobre todo cuando éstos suponen un continuo estorbo, desaliento o lastre para nuestro progreso espiritual, o para nuestro progreso personal, sin más.
Pero, pensemos: La gran mayoría de nosotros no hemos venido a recoger flores sin espinas.
Si sembramos flores con espinas, recogeremos flores con espinas...
Si sembramos flores sin espinas, llenas de gratos aromas, recogeremos flores llenas de gratos aromas, sin espinas.
No nos revelemos en contra de nuestro karma.
Aceptémoslo e intentemos compensarlo trabajando en el Dharma, a medida que se nos presenta o antes de que aparezca, para que éste se minimice o se anule totalmente.
Porque ignoramos nuestro pasado y no sabemos a ciencia cierta cuáles son nuestras deudas contraídas y en qué momento nos serán reclamadas, nunca está de más hacer buenas obras, nunca, aún y cuando las cosas nos vallan bien en la vida y parezca que no tenemos ninguna deuda kármica.
Acumular méritos en el Dharma siempre será auspicioso, no sólo para nosotros, sino también para nuestros seres queridos, porque puede suceder que en algún momento ellos pasen por dificultades debido a sus propias deudas kármicas y nosotros, por acumulación de méritos, podamos interceder en su beneficio, siendo escuchados en nuestras oraciones y peticiones a nuestra Divinidad.
Es posible interceder por el bien de los demás, siempre y cuando tengamos méritos acumulados.
A veces se sufre más ante el dolor ajeno y vernos incapaces de hacer nada por evitarlo porque no tenemos méritos suficientes o necesarios.
Insisto, no nos revelemos en contra nuestro karma ni en contra del de los demás.
Por muy injusta y dolorosa que nos pueda parecer una determinada situación o circunstancia personal o ajena, todo tiene una causa y toda causa tiene un efecto, un karma, debido a la ignorancia, al temor, a negligencia, o a cualquier otra causa, pero todo tiene una causa, una razón, un motivo.
Esto no debe inducirnos a la indolencia, a la indiferencia, a la insensibilidad ni a la impotencia, creyendo que no podemos hacer nada para remediar, mitigar o curar las aflicciones personales o ajenas.
Aceptar el karma no significa quedarse de brazos cruzados.
Es bueno ser resignados, humildes, pero no inútiles, parados, desmotivados, impotentes...
Aún y en las peores adversidades, hay gente que no se rinde, aún y cuando acepte con cierta resignación su adversidad.
Eso es lo que debemos hacer nosotros también.
Aceptemos nuestro karma, pero intentando compensarlo inteligentemente, trabajando las causas que lo generaron y cooperando en el Dharma.
Esa es la manera más inteligente y acertada de liberarse del dolor, del sufrimiento, de las contrariedades y de las vicisitudes que nos acechan constantemente en la vida, tanto en pareja, como en la familia, en el trabajo, con los amigos...
Orense, 22- 07-2000.